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La versión de Nelly

Portada de La Version de Nelly

Cuando el editor de Jekyll & Jill me presentó  ‘La versión de Nelly’, lo hizo con dos ideas: es, dijo, por un lado, un libro sobre un misterio -con ese título que remite a confesión, crónica negra o atestado policial. Y por otro lado, tiene una faceta feminista, de cuestionamiento de los roles femeninos en un momento determinado de la sociedad inglesa -la novela se escribió en los ’70 y se desarrolla en un tiempo no muy lejano a esa fecha).

Misterio: el punto de partida de esta novela parece de guión de novela de espías: una mujer que no recuerda su nombre llega a un hotel, sin más compañía que la de su propia figura que no logra reconocer en el espejo, una maleta llena de dinero y un montón de dudas. ¿Alguien la espera? ¿Alguien vendrá a buscarla? ¿Cómo debe comportarse? ¿Tendrá que esperar instrucciones o tomar una iniciativa para dar comienzo a un plan que no logra recordar? En semejante desorientación, Nelly se instala en The Black Swan y construye una rutina a su medida, mientras comienzan a desfilar algunos personajes masculinos que la interrogan y le dan (nos dan) algunas pistas sobre quién es ella.

Feminismo, ya que la segunda lectura de esta novela es un cuestionamiento de la identidad de la protagonista, pero también de una identidad colectiva de las mujeres de su época. La asfixia de vivir en un lugar pequeño, la pesadilla de una estación inútil cuyas vías no se sabe bien a donde conducen y un extrañamiento de la propia identidad, que aparece fragmentada en las mujeres con las que ella se va encontrando. La madre desencantada con la reciente maternidad, la anciana abandonada y sin afectos, la mujer frustrada en la juventud que no ha podido elegir su propio destino laboral… son reflejos de esta Nelly de la que poco sabemos más allá de sus dudas, que nos transmite también a nosotras a través del lenguaje.

Porque la narración nos lleva a preguntarnos ¿Si nos desmemoriáramos, si apareciéramos en este mismo lugar pero vacíos de recuerdos, ¿nos parecería atractivo el mismo hombre? ¿Encontraríamos aburridos a nuestros propios hijos? ¿Nos reconoceríamos en nuestro reflejo, nos sentiríamos cómodos en nuestras ropas? Son preguntas que Nelly va dejando caer en sus ‘cuadernos’ o diarios. Diarios que son de hecho el libro que el lector tiene entre las manos y es también cada uno de los libros que contiene la biblioteca del pueblo donde se ubica el Black Swan, al que Nelly -si es que así se llama- ha ido a parar en su huida hacia ninguna parte; un juego metaliterario que contribuye a crear esa sensación de confusión que transpira toda la novela.

Entender la literatura como un mecanismo terapéutico y de exploración de la propia identidad no parece un planteamiento muy original, y sin embargo, haber llegado a este libro precisamente ahora que yo busco estas dos cualidades tanto en la lectura como en la escritura, ha sido todo un hallazgo. Descubrir a posteriori en el prólogo que Eva Figues entendía la escritura como una vocación, como algo que nos hace sentir más vivas, también es una idea que me hace apreciar aún más esta novela.

Y si bien el final, que los propios editores definen como “oscuro” no me deja satisfecha, es una narración lo suficientemente interesante y compleja, con un lenguaje tan cuidado y que nos translada tan bien al “estado de fuga” de Nelly, es lo bastante atractivo como para mantenernos pegadas y pendientes a Nelly durante todo el trecho de su aventura a la busca de sí misma.

*La fotografía del recortable incluido en el libro y montado la he tomado del twitter de Tipos Infames, la recomendada librería de Madrid que nunca consigo visitar

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