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Oslo, a remojo

Oslo ha amanecido hoy terriblemente gris y pasada por agua. No es que haya pasado mucho tiempo, pero  el verano ya quedó bastante atrás y ya hemos vuelto a los abrigos por la noche y las botas cerradas, como si me quisieran decir: que no te de pena irte.

Lo cierto es que este será un verano difícil de olvidar. Dicen que ha sido el mejor en 60 años, con un julio brillante y caluroso, noches de dormir con la ventana abierta y días de bañarse en el fiordo en agosto. He vivido casi toda mi vida en una ciudad de río en medio de un desierto, y una de las mejores cosas de Oslo y de Noruega en general, es que hay agua por todas partes. Hay ríos, hay lagos y fiordos, y salir pescar o tener un barco para navegar son cosas del día a día.

En barco por el fiordo de Oslo

Que te inviten a una fiesta y que te lleven en barco, cosas que pueden pasar en Oslo.

Sin salir de la ciudad, cogiendo el autobús 30 desde el centro, se llega a las playas de Bygdoy. No son el mejor sitio para bañarse en Oslo, pero sí el más accesible. Hay pájaros, bancos, zonas verdes, kioskos de helados y sitios para hacer barbacoas.

Rudo noruego desafiando al frío del atardecer

Rudo noruego desafiando al frío del atardecer

Un lugar más tranquilo y desde el que se tiene la curiosa vista los ferrys y cruceros navegando frente a tí y levantando olas en la tranquila agua del fiordo es el Kongelig Norsk Forening. Se llega… perdiéndose. O así llegamos nosotros. Al final de la Herbernveien, una barca te recoge y te lleva a la pequeña isla donde está este club marítimo. Tranquilidad, piedras para conquistar y buenas vistas.

Aunque dentro de la ciudad, mi sitio favorito es la pequeña playa y el embarcadero del Astrup Fearley Museet. Construido al final del paseo marítimo de Aker Brygge, el edificio con forma de vela de Renzo Piano se adentra en el fiordo. Allí, entre arquitectura moderna y junto al jardín de esculturas, está uno de los mejores sitios de Oslo para tomar el sol y si aprieta el calor, darse un chapuzón y una ducha antes de volver a casa. La última vez que estuvimos, hasta nos regalaron helados.

Playa en el Astrup Fearnley en Oslo

Lo mejor del Astrup Fearnley está fuera.

También muy cerca de la ciudad está el Sognesvann, un lago muy popular por su sendero, por su playa y sus mesas para hacer pícnic. El agua está fría, pero nosotros somos chicos del norte. La sensación de bañarse rodeada de pinos, con la luz preciosa que tiene este país es una de las mejores cosas que he hecho en estos meses.

sognesvann

Bañarse en el lago, o ser feliz con poca cosa.

Aunque mi sitio favorito para darse un baño está en el archipiélago en el fiordo de Oslo. En realidad está pobladísimo de islas e islotes, pero las más accesibles durante el verano son Langøyene, Hovedøya, Lindøya y Nakholmen. Langøyene tiene una gran playa y una explanada en la que hacer camping, en Hovedoya hay ruinas de una abadía cisterciense y en Lindøya, un bosque que es reserva natural y unas casitas de colores que hacen pensar en Moonrise Kingdom.

Embarcadero en Lindøya

La más poblada, salpicada de hyttes o cabañas rojas, azules y amarillas es Nakholmen. A todas se puede llegar en un ferry, y los horarios están aquí. También puedes comprarte una casita y quedarte a vivir todo el verano. Vimos un anuncio de una de ellas, y solo cuesta 400.000 euros. Yo ya he empezado a llenar la hucha.

Un buen sitio para quedarse para siempre.

Este post lo publiqué originalmente aquí, el 16 de septiembre de 2013 y lo he republicado en 2015, coincidiendo con el rediseño del blog.

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