Diario, Posturas raras
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A 2.447 kilómetros de aquí

Hoy, por fin, ha llegado la fecha. Los billetes ya están comprados. Llevaba un par de meses esperando este momento. Las maletas ya están repartidas por la casa, a medio hacer, la lista de las cosas que no me tengo que olvidar está casi completada y aunque me fastidie reconocerlo, tengo muchas ganas de salir de esta rutina de días iguales entre sí y fines de semana ausentes. Me voy del país y no como esperaba hace tres años cuando, ingenua, me fui a Nueva York en unas largas vacaciones para prepararme para una beca que nunca me dieron.

Cuando me dijeron que sí al trabajo, me quede como ida, sentada en un parque en Pan Bendito que es como decir en medio de la nada. Así estaba, en medio de la nada. ¿Oslo? ¿En serio? ¿Cómo se me había ocurrido mandar ese CV una tarde tonta de enero? Luego volvería a casa y repasaría mi mail. Fue entonces cuando caí en la cuenta, como si fuera mi yo subconsciente, a mis espaldas, la que había planeado la marcha a escondidas de ese otro yo que aun mira infojobs a diario y espera que llegue un mail con un trabajo precario pero genial que haga maravilloso vivir sin calefacción y comer arroz a diario. Pero resultó que no era el primero sino uno de muchos currículums mandados al extranjero. La suerte dio que una amiga me hiciera llegar la oferta que se me había pasado y que la empresa que me contrata quisiera a españoles, plurilingües, bien formados, para pasar el verano en Noruega. Las cosas más raras, las más importantes, pasan a menudo sin saber como.

El estupor ante mi propia respuesta (un sí y una inmediata sonrisa de alivio, allí, en esa oficina del Inem en Pan Bendito) se convirtió al día siguiente a un mar de lágrimas. Incapaz de encontrar la razón (Era eso lo que quería, ¿no?, un trabajo bien pagado) pensé: será porque echaré de menos mi novio, mi casa, mis amigos y mi familia. Sí, sí y sí. Pero esas lágrimas gordas y calientes eran sobre todo de rabia inmensa. Rabia por tener que irte del lugar en el que eres (eras) feliz. Rabia por tener que volver a una distancia, esta vez forzada, no elegida. Rabia por ver la única salida a este círculo vicioso es irte lejos y porque tu yo subconsciente parecía saberlo mejor que tu. España nos echa.

Después vino lo de hacerse a la idea. He pasado un mes y medio alternando páginas de alquileres y guías sobre  los países escandinavos con blogs de inmigrantes y programas de televisión sobre la nueva condición de los jóvenes pre-parados. Las lágrimas se han ido secando mientras intentaba estudiar noruego y me aprendía el mapa de Oslo. He hecho acopio de libros y quehaceres para las largas noches soleadas del norte y mientras tanto, he hablado con mucha gente que ya no pregunta por qué, porque ya lo saben.

“Dicen que sois la generación  más preparada”, comenta mi abuela al otro lado de la mesa, mientras comemos entre noticias de rescates financieros y estafas masivas. Me lo dice otra vez y aprieta un poco los labios y menea la cabeza, no sé si por el parkinson o por otra cosa. Aunque me da rabia llevar a su tranquilo salón, por el que no pasa el tiempo, los malestares de nuestra generación que nunca ha tenido una casa, me veo en la obligación de contárselo. Una amiga, licenciada, master, dos idiomas, trabajadora y lista, me acaba de decir que se va a servir coca-colas en Disneyland. Prefiere eso que el peregrinar de entrevista de trabajo en entrevista -cuando las había- y el saltar cada vez que suena el teléfono y no conoces el número de la pantalla y decepcionarte cuando descubres que te llama Carmen, de Jazztel, también ella licenciada, máster, dos idiomas, a decirte lo que puedes ahorrarte con tu ADSL.

“Eres muy valiente”, me dicen algunos. Tu ya has hecho maletas como esas muchas veces. “Ya sabes como es eso de vivir fuera”. “Eres joven, tu puedes hacerlo”. Y les digo que sí, que es verdad. Que a mi siempre me ha gustado viajar y empezar de cero. Que tengo suerte de ser viajera, de hablar idiomas, de que mis cosas de valor quepan en una maleta o dos. Hasta me alegro de no haberme comprado una casa o haber tenido hijos. Otros, con los mismos títulos, con las mismas ganas de trabajar, alternan aquí empleos precarios sin plantearse, sin tener tal vez, la opción de coger un avión. “Soy superafortunada”, respondo, y no sé si es con ironía o no.

Son los más los que me dan la enhorabuena: me la dan los amigos de siempre, los conocidos, me la da hasta la funcionaria que me hace los papeles que necesito para los primeros días allí. La mayoría piensa “hay que ver como están las cosas” y te mira como lo que eres, la encarnación de esa crisis que lo sobrevuela todo. Algunos anticipan una pequeña aventura y otros piensan que no volveré aunque les digo que nos vemos en octubre.

No todos reaccionan así.  Hace poco alguien a quien no conozco demasiado bien, al contarle mis planes, el trabajo que iba a tener allí  – un trabajo digno pero que en nada tiene que ver con mi formación, claro-, me dijo:  “¿Y no podrías pillar un trabajo de mierda aquí?”. Me dieron ganas de pedirle que sacara el contrato de ese trabajo de mierda, y que por favor, se llevara también el currículum de mis amigos. Porque hasta en los curros de mierda hay cola.

Pero no le dije nada. A esta gente no le digo nada. Doy por hecho que no saben lo que es sentir ese frío que no se siente por fuera sino por dentro.

Intento espantar el frío diciéndome: somos tantos los que nos vamos, los que estamos instalados en la diáspora forzosa, que no estaremos nunca solos. Creceremos más fuera, tejeremos más redes, nos haremos más fuertes y volveremos con regalos cuando pase la temporada y el norte ya no nos necesite. Pensamos en la parte buena: los nuevos idiomas, los nuevos amigos, las nuevas calles y las fiestas de despedida. Valoramos que es mejor la distancia física que el aturdimiento y la inmovilidad que, como un muro invisible, nos estaba separando aquí de lo que queremos alcanzar, de lo que necesitamos, que cada vez es más lo esencial y más básico: trabajo, salud, educación, dignidad.

Y a veces… no puedo evitar sentirme culpable.  Culpable por dejar a quienes no se pueden marchar aquí lidiando con este vendaval. Un poco traidora de esas ideas que en primavera de hace un par de años empezaron a reinstalarnos la cabeza con un “SÍ SE PUEDE” bien grande. Culpable por no haber peleado lo suficiente y rendirme pronto, por perderme una hermosa primavera en España a cambio de una primavera nórdica de trabajo con la que poder comprarme un ordenador nuevo y hacer un par de viajes y, si hay suerte, llenar la hucha para el próximo invierno. ¿Por qué no conseguimos el cambio todavía?, me pregunto. ¿Por qué lo veo tan lejos?. Sigo pensando que sí se puede, pero entre que suben las mareas, yo me ahogo. Como dicen en esta postal anónima y salvaje, yo TAMBIÉN QUIERO VIVIR AQUÍ, pero ya no se cómo.

Que quede claro que No nos vamos, que nos echan. Me moría de ganas de decirlo aquí.

Así que me voy y espero ver cómo hacemos real ese ‘podemos’, aunque sea desde lejos. La distancia, me digo, me hará bien. El cielo noruego me aclarará las ideas. Volveré con un nuevo proyecto, con más ganas de sacarlo adelante. Para quedarme o para marcharme, esta vez por que me dé la gana. Y mientras tanto, os contaré lo que de bueno y no tan bueno traiga este cambio. Seguiré hablando sola, ahora desde Oslo.

Si me leéis, si me acompañáis en los próximos meses, os daré las gracias y os mandaré postales.

Y sentiré que los 2.447 kilómetros que separan Oslo de Zaragoza no son nada.

 

No nos vamos no echan

Esta imagen es parte de la campaña de No nos vamos, nos echan. El colectivo que la impulsa, Juventud sin Futuro, ha mapeado la historia de 7.000 personas que se han visto obligadas a marcharse para desarrollar sus carreras, llevándose con ellos, en muchos casos, una brillante formación conseguida gracias a becas y el soporte de un sistema de bienestar que, si bien no era ni mucho menos perfecto, se ha desintegrado a la velocidad de la luz.

El próximo 7 de abril, la campaña saldrá a las calles con una serie de manifestaciones. Esta es la de Zaragoza.

19 Comments

  1. He llegado aquí por casualidad, pero me gustaría darte unos pocos ánimos más desde Copenhague. Los países escandinavos son una maravilla. El invierno ya ha pasado, así que cuando llegues disfrutarás de lo mejor de ellos. Son iguales que nosotros, pero diferente. Una experiencia que merece la pena. Somos jóvenes, tenemos muchas cosas que hacer, tanto fuera como dentro de España. Aunque nos echen, debemos focalizar nuestra atencón en lo positivo de ese exilio.

  2. Leo tu entrada y me entran ganas de llorar. Como tú, periodista licenciada, un amplio currículum trabajando para distintas empresas, mucha pasta invertida en formación, tres idiomas, he trabajado en una de las mejores empresas de social media de europa, jefes contentísimos conmigo, colaboraciones esporádicas que vienen y van, jefes que tratan de comerme la oreja diciendo lo bien que hago mi trabajo, lo bien que he sabido conectar con el público, lo bien que conozco mi trabajo y cómo las redes de su empresa nunca jamás han estado mejor que cuando he estado trabajando en ellas… Esos mismos jefes que en un primer momento me quisieron “contratar” (en factura, yo me busco la vida dándome de alta como autónoma por 500 euros) por menos de 3 euros la hora… siendo realistas, incluso menos de dos. Esos jefes que cuando me negué, se ofrecieron a hacerme contrato… un contrato que tardaba más de una semana en llegar mientras yo seguía trabajando… Esos mismos jefes que NO habían pagado a la empresa para la que yo trabajaba primero por MI trabajo y de los que no me fiaba un pelo… y ESOS mismos jefes que cuando vieron que a mí las palabras bonitas ya no me servían de nada, que quería hechos, quería un contrato sobre la mesa y quería mis dos meses de trabajo en su mierda de empresa, desaparecieron y no volvieron a dar señales de vida. ESOS son los jefes aquí en España!

    Estoy tan asqueada de todo, tan cansada de desear el mal más absoluto a esos cabrones hijos de puta que se aprovechan del trabajo ajeno… quiero paz, quiero dignidad… y me parte el alma pensar que eso solo lo voy a conseguir fuera, lejos de mis hermanos pequeños, lejos de todo lo que quiero…

    Pero es lo único que me queda. ¿Algún consejo o página en la que empezar a echar CV fuera?

    • Isabel says

      Hola Leara, gracias por dejar aquí tu mensaje. Yo encontré el trabajo gracias a una amiga, que a su vez lo había visto a través de Eures. Puedes registrarte y ver las ofertas de países de toda la UE.

  3. Hola, he llegado aquí por un enlace visto en facebook, tengo que decirte que veas el lado más positivo de esta experiencia, aquello que no nos mata nos hace más fuertes, y felicitarte por el trabajo, en las condiciones que sea y donde sea… Podría extenderme mucho más pero no te contaría nada nuevo, sólo una historia más igual a la de muchos españoles de hoy en día. Mucha suerte.

  4. Carmelo says

    Animo pardala, como decimos en Aragón, dentro de lo malo piensa que los que son autonomos como yó tambien sufrimos y además tenemos la mala suerte de hacer sufrir tambien a la familia, seguro que tu nueva experiencia saldrá mejor de lo que esperas y volverás a tener ilusión y ganas, un abrazo y p’alante.

  5. Ester says

    Isa! ánimo! Ya verás como es un titá, son 6 mesecicos (q se pasan pronto); si te quedas mas, seguro que es por algo bueno y nos alegraremos todas; si vuelves, aquí estaremos (o no, quien sabe); y si mientras no lo soportas nos avisas, que nos haremos una sesión de “café-internacional”
    Mucha suerte guapa. Y que sepas que a mi en el fondo, me da envidia (Lo de tener recursos, digo)
    Y yo si que quiero postal!ya tu sabes 😉

  6. Hay que ser muy valiente para dejar atrás todo lo que tienes y empezar una vida nueva. ánimo. Es el principio de un futuro nuevo y esperanzador.

  7. Rebeldia says

    Chicos, yo ya tengo 40 y con un enano de 5 años…

    Lo siento por vosotros, lo siento por mi hijo y lo siento por mi. Por vosotros siento una pena muy grande, somos no una sino dos generaciones muy preparadas, la vuestra mas joven practicamente en paro. La mia… con un mejor porcentaje de gente trabajando pero con la misma porqueria de sueldo…

    Por mi hijo lloro, de lo que le espera dentro de unos años… porque esto es solo la herida… falta amputar y curar… luego vendran las consecuencias. Y no las veremos hasta dentro de 10 0 15 años, puede parecer mucho tiempo… pero no lo es.

    Y lloro por mi porque me ate una hipoteca, ya con 35 no podia aguantar mas… se me iba la vida.. Lloro por mi porque las expectativas laborales son terribles… lloro por mi por no ser valiente y salir a la calle a luchar, no a manifestarme, que eso ya lo he hecho y no a servido para nada. Hablo de salir a luchar, a pelear por los que vienen detras, por vosotros, por los chavales de instituto y por nuestros hijos.

    No te conozco pero te deseo lo mejor del mundo, la mayor felicidad posible. Animos a tu novio porque sufrira mucho. Y un abrazo a tu familia porque les dolera verse lejos de ti.

    Y os prometo que cuando esto estalle, luchare por vosotros y por mi hijo. Y cuando salgamos a la calle a luchar, pelearesmo, iremos a por todas, sin importar las consecuencias. Y no estare solo… somos muchos ya los que clamamos basta. Es mucha ya la ira contenida, ira que cada vez siento mas como va dejando su poso de odio. Odio hacia los politicos y su estructura, sus prebendas, su red clientelar, su corrupcion. Odio sus almas manchadas con nuestro dolor. Pero es mejor dejar esto…

    No olvideis que no estais solos, aunque lejos, jamas os sintais solos. Muchos sin conoceros, os echamos de menos.

    Mucha suerte Isabel. No nos olvides.

    Te prometo luchar.

  8. Buebird says

    Suerte!, saludos de otro expatriado español que se fue hace casi 4 años a Chile. A mi tambien me dolio tener que dejar España y estar a 10.000 kms de casa. Al principio te costara pero poco a poco te iras acostumbrando , un nuevo pais, nuevas costumbres esta forma de pensar …

  9. ángeles says

    Maldito sea el País que permite que sus hijos pasen hambre.
    Maldita sea la tierra que destierra a los suyos.
    Malditos sean los gobernantes que lo promueven.

    Tengo 61 años, trabajo y no tengo hijos. Lucho y lucharé por todos vosotros en la medida de mis posibilidades, porque sois el futuro de un país que necesita credibilidad y una democracia que jamás existió

    Todo aquel Estado que deja marchar a sus jóvenes con una excelente formación está condenado a sucumbir en la ignorancia. Cosa que viene bien a sus gobernantes que sin oficio ni beneficio llevan el timón del país a la deriva.

    Ánimo tal vez algún día los que quedamos ( los viejos ) consigamos echar esta escoria y entonces vosotros podáis volver y todos juntos lograr que se cumpla lo que tanto anhelamos todos.

    Desde A Coruña hasta Oslo te acompañaré siempre que quieras. No todo será malo aprovecha y date una vuelta por los fiordos, come caviar y arenques, prueba la carne de ballena ( yo no he podido )luego me cuentas si está buena, súbete al Mar del Norte a ver las ballenas, es todo un espectáculo, en fin aprovecha y adquiere experiencia
    Un sinfin de besos y un sinfin de animos.

  10. Isa, buen viaje y buena literatura, como tus textos… reconozco que he contenido las lágrimas, mezcla de muchos sentimientos pero el mejor y peor es el descubrir la cantidad de gente que estamos igual… maldita vocación periodística! Nuestro es el futuro y si no hay lo pintamos, que para eso estamos pre-parados. Yo me vine para 4 meses a 1,938 kilómetros de allí, que es lo que ZGZ es para mi ahora: Allí y ya no aquí. Pero 4 años despues, cuando voy asimilando mi condición de exiliado profesional, los sentimiento de me encuentran pero mi camino sigue, avanzo, sin dejar de “tener mono” de cubrir una rueda de prensa aburrida (ahora deben ser sin preguntas, lo q me crea gran curiosidad y me hace imaginar un periodismo combativo, protestón, de acción, de utopía?), con la esperanza de que vamos a hacer de la necesidad virtud, sin esperar nada de jefes y demás calaña con supuesto poder sobre las personas. Feliz Exilio!!!

  11. Irene says

    Isa, te queremos mucho. Muchas lágrimas al leerte. De imaginar-me reflejada en ti. Me encanta que cuentes esta situación que está viviendo España desde tu experiencia. También siento rabia, culpabilidad, familia (extendida) y futuro y penita, pero también excitación.
    Sabemos que ahora estás triste pero luego no lo estarás. Y te iremos a ver y te llevaremos jamón envasado al vacío. Y aquí te esperamos con proyectos compartidos, chavala 😉
    Saludos de mi madre, dice que te diga que ella también siente rabia.
    Y qué bonito leer que puedes hablar con tu abuela.
    Te abrazo grande grande y nos vemos luego!

  12. Pingback: ASÍ REVIENTEN | El Blog de Sergio del Molino

  13. david mayor says

    Muchísima suerte y mucho ánimo y voluntad. Te deseo que te vaya lo mejor posible y que estés bien, Isabel. Un beso

  14. Que bien escribes!!
    Y eso es así aquí, en Oslo y en la china popular!
    Eso no te lo pueden quitar ;-)no nos lo pueden quitar…
    Así que aprovecha tu nueva situación para contarnos cosas nuevas, nosotros esperaremos atentos.
    Suerte!

  15. He llegado de enlace en enlace y me doy de bruces con una forma maravillosa de contar algo tan triste y esperanzador al mismo tiempo (como nos gustan las paradojas a los españoles). Yo sigo en Ejpaña jejeje pero con esa sombra, la del “emigrar”, que tanto nos ronda a los jovenes hoy en día. Seguire tus aventuras en Noruega con muchas ganas.

    Un gran saludo.

  16. Domingo says

    He llegado aquí porque te sigo en twitter desde hace poco (a través de los retuiteos de Álvaro Ortiz). Me ha emocionado tu largo mensaje. Aunque fue hace varios meses, espero que estés mucho mejor, con ilusión y trabajando a gusto. Ten mucho ánimo, porque la gente como tú, que demuestran que valen, sois los que hacéis que este mundo valga la pena.

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