En la ciudad
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Meternos en harina

Han quedado ya lejos en la hemeroteca los días en los que los gerentes culturales de Zaragoza soñaban con una capitalidad cultural de promesas vagas y muchos mapas. Espacios, espacios, espacios. Caparazones, contenedores. Un proyecto ambicioso que pretendía llenar de contenido los lugares que crecieron o se rehabilitaron al calor del ‘boom’ del ladrillo sin un plan definido y concreto y cuyas consecuencias son palpables y tienen forma de cristales rotos y espacios invadidos por la desidia.

La Harinera de San José

Como periodista y como lectora de periódicos, creo haber visto un millón de veces en mi pantalla “El Museo del Fuego abrirá este verano”, o “La Harinera, vandalizada”. Dos casos flagrantes de la rehabilitación, necesaria pero sin tiento, del patrimonio arquitectónico e industrial de la ciudad cuyo único éxito, hasta la fecha, es la Azucarera del Rabal, ahora biblioteca y centro de emprendedores.

Son ya años interesádome por los planes de desarrollo cultural de la ciudad. Suficiente perspectiva para saber que la elección de planes culturales guiados a golpe de macroeventos, frente a la consolidación de las propuestas que nacen desde la base o que se desarrollan a medio plazo, no suele dar grandes frutos. Añádele a la mezcla el catacrock económico y el resultado es lo que tenemos en Zaragoza. Algo bueno, mucho mediocre, y todo deslabazado.

Pero la crisis y la toma de conciencia ciudadana que se viene produciendo en los últimos meses están dando lugar a iniciativas que deberían haberse fomentado desde la propia administración. Soy la primera que está deseando una ciudad con CaixaForum y Medialab, pero también quiero una Tabacalera. Tejido cultural desde la base y desde las instituciones públicas y las obras sociales conviviendo en nuestro mapa de recursos. Iniciativas que se entremezclen, se retroalimenten, creen ecosistema.

Eso es lo que queremos muchas, y lo mejor es que lo tenemos a la vista, casi al alcance de la mano. Un amigo escribía en privado el otro día, y respecto a la educación y la sanidad, que son como el juego del pañuelo: el estado de bienestar está a punto de soltarlas, y se trata de ver quien corre más: las empresas dispuestas a hacer negocio de los derechos constitucionales, o las ciudadanas, que no somos tan grandes pero corremos más.

Tal vez así lo ha visto los vecinos de San José: la crisis como una grieta abierta en el sistema por la que colarse y tomar por la vía más legítima, la transparencia y la participación, la gestión de los espacios que son de todas. La Harinera convertida, por fin, en lo que soñamos que fuera: centro de experimentación y de desarrollo de las artes.

Para darle un nuevo empujón a las ideas, para aprender de experiencias de éxito y discutir entre todas su aplicación en este espacio, todas las vecinas estamos invitadas a participar en las jornadas del próximo sábado. ¿Y tu, como sueñas la Harinera? ¿Lo pensamos juntas?

 

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