Fotografía, Posturas raras
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Después de la fotografía

[La sala esta llena y muchos de los asistentes llevan sus reflex al hombro, como quien lleva un mono de trabajo. Pero yo me fijo en ella. Porque está a mi lado, claro. Lleva una pequeña compacta, algo vieja, y le pregunta a su marido cómo usarla. Espera a que los ponentes empiecen a hablar para disparar la cámara. Salta el flash y la imagen, intuyo, será un desastre. Pero ella guarda la camara, imagino, satisfecha. Esa foto no es para nadie más, es solo un marco para un instante]

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Joan Fontcuberta sonríe a Vicente Almazán

 

Con Joan Fontcuberta, el instante se dilata un par de horas. Viene dispuesto a hacer que nos olvidemos de que es un brillante embustero y comienza a hablar. Tiene una mirada cálida y simpática y un tono de voz acostumbrado a las conferencias, de modo que la voz no le tiembla al hablarnos de fósiles de sirenas, de paleontólogos misteriosamente parecidos a él y enseñarnos fotos imposibles de realizar en el siglo XIX, que forman parte de su proyecto sobre los Hydropitecus alpinos.

Pero lo que viene a contarnos Fontcubera no es (solo) una fábula de sirenas, sino su particular experimentación sobre la credibilidad que, inconscientemente, otorgamos a la imagen fotográfica, imbuida de su caracter de prueba y de documento científico. El valor documental que la fotografía trae programado por defecto, y que se resquebraja cuando el cambio en el registro discursivo, como en el proyecto de los fósiles sirénidos de Fontcuberta, no se hace explicito.

El trabajo de Fontcuberta ha venido a ahondar en esa grieta, aunque para mi lo más interesante no son sus fotografías, sino sus ideas. Probablemente el más importante ensayista y pensador sobre la fotografía en España hoy, Fontcuberta ha desarrollado una serie de reflexiones sobre el valor de uso de la fotografía en el contexto de la era digital que me fascinan, pues consiguen poner sobre el papel mis reflexiones de andar por casa.

Fontcuberta identifica nuestra era como la del cambio de paradigma: la ilustración sustituye a la fotografía en prensa como método didáctico y explicativo; la fotografía documental cambia los límites de lo que puede entrar dentro de ella; se asumen técnicas obsoletas en reacción a una cultura de la imagen digital que provoca una avalancha de 250 millones de fotos al día. Fotos que ya no sirven para para mirarlas, porque no nos queda tiempo para hacerlo: estamos ocupados haciendo más fotografías. La foto se convierte en saludo, piropo, exclamación. “El acto fotográfico prevalece sobre el resultado, su circulación prevalece sobre el contenido”.

La fotografía ha colapsado. La creatividad ha colapsado. “El crítico es artista, el coleccionista es critico, han cambiado los roles y en todos hay una asignación de sentido”. [yo me relamo, Fontcuberta continúa]. “La fotografía digital ya no es fotografía, es un medio culturalmente distinto”. Resumiendo: Dios ha muerto. Tendremos que recomponer las piezas. La propuesta que lanza Fontcuberta, el manifiesto postfotográfico, es más que jugoso. Y a mi, la posibilidad de estar inventando la fotografía después de la fotografía me da un escalofrío de placer. Rara que es una.

[Cuando salimos de la conferencia, un grupo de seis chicas, tal vez turistas, revolotean por la plaza. Colocan en fila sus cámaras en el suelo y ponen el autodisparador. Hacen equilibrios sobre un pie, se rien, salta el flash. Corren a mirar sus pantallitas. Se van de la plaza sin haberla mirado, con sus seis fotos idénticas e irrepetibles]

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  1. JM Dorado says

    En una sociedad en la que prevalecen las apariencias, es lógico que actuemos más sobre las imágenes que sobre la realidad misma (…) Renunciar al azar es cretaivamente peligroso (Joan Fontcuberta, “La cámara de Pandora”)

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