Lo que leen los demás

Como son días de penitencia y confesión, yo confieso: he dejado de leer.

En realidad, leo más que nunca. Me paso el día leyendo. Leo libros de cocina, leo páginas webs, leo un millon de tuits y venticinco post de blogs al día. Leo pies de foto, leo diarios gratuitos y leo el periódico en el bar, cuando el día se presenta generoso y cae algún cortado con hielo solitario y disfrutón. Algunos días, hasta me leo lo que escribo. Leo todo el rato.

Esta idea es el ‘leit motiv’ de la campaña de Fomento de la Lectura de este año, http://www.siquetegustaleer.org/ Campaña sosa que, como decía el otro día Carmen Pacheco en Twitter, se dirige a unos adolescentes estereotipados y que no existen. ¿Intentan convencer a un quinceañero de que le gusta leer con una historia tópica sobre extraterrestres, veranos aburridos y no se qué del tuenti? En fin.

Creo que en realidad, esa campaña es para mí. Es a mí a la que le pasa lo que a esos quinceañeros que nunca pincharán en “que no, que no me gusta” porque nunca se interesarán por esa página web con tanta letra. Leer se ha vuelto una actividad cuya cadencia no encaja en mis capacidades de atención actuales. ¿Más de veinte minutos leyendo sobre lo mismo? Imposible. Necesito cambiar de idea cada dos minutos. Cambiar de ritmo, cambiar de tono o de campo semántico a cada frase se ha convertido en una constante en mi lectura.

Hace unos días, en una clase-taller sobre redes sociales aplicadas a la política, una persona mayor -mayor de 50, quiero decir- nos decía que los jóvenes ya no leían. Ya no leemos, nos recriminaba a los “jóvenes”. Preocupado por nuestra incapacidad de tragarnos un texto de más de 300 páginas, vaticinaba algo así como una pérdida de profundidad ideológica, de reflexión, análisis sosegado. Tal vez tenga razón, aunque nos encargamos de recordarle que hemos ganado otras cosas. La lectura no lineal, la capacidad de interrelacionar ideas, más o menos superficiales, con otras, creando pensamientos complejos, conversaciones construidas como un enjambre a partir de textos con gramáticas diferenciadas. No hemos dejado de leer, le dijimos. Hemos dejado de leer en línea recta. Podemos poner en una balanza lo que perdimos y lo que ganamos y, cuando menos, estaremos empatados.

Un momento: esto era una confesión. Y toda confesión conlleva un arrepentimiento, una sensación de estar en falta. Estoy en falta con la lectora que fui. Mi carné de la biblioteca se siente menospreciado desde que solo me sirve para sacar recetarios y tebeos. Mi dedo pulgar derecho y la tendinitis provocada por tuitear claman por un gran libro que me haga dejar el móvil apagado mucho rato antes de dormir.

En esto pensaba ayer, antes de quedarme frita con la novela de Sergio del Molino sobre el pecho, la luz encendida (porque para los libros de los amigos siempre se saca un rato, aunque sea tarde). Me veía reflejada en Lenín, en su vida pancha de adolescense vago y lector (si el autor se permite espoilear su libro, por qué yo no). Cada vez que se acercan fiestas de guardar y días de pueblo, como esta semana, pienso en esa rutina “magnífica y solemne” de leer desde desayuno hasta la madrugada que le gusta a Lenín y que tanto me gustaba a mi. Supongo que crecer es dejar atrás cosas como esa. Otra razón más para apuntar porque hacerse mayor -al menos, hacerse mayor como se ha hecho mayor mi yo-lectora- es una mierda.

Me siento en una enorme contradicción conmigo misma. La niña devoralibros que fui me pide a gritos un retiro espiritual con mochila cargada de papel. La casitrentañera hiperconectada que soy bosteza ante la idea de leerse algo que lleve más de dos horas y no lleve una bibliografía al final. La ficción se alejó de mí, tomó forma de teleserie. Adios, novela histórica. Adiós, libros de detectives. Adiós, autobiografías, adiós, folletines de amor. A veces me pregunto si me habré saciado de novelas, si es que ya no me caben más, y estaré condenada a leer ensayos posmodernos hasta el fin de los días. ¿Volverán las tardes de libro y sofá? No sabéis cuanto lo deseo.

bryantpark5

¿Y vosotros, todavía leeis? ¿Qué leen los demás? ¿Por qué leéis? No me digáis que no, que os veo: veo a las funcionarias en el tranvía con sus e-readers, y en las marquesinas, el lunes, acabando el suplemento dominical. Veo a los universitarios al sol en el estanque, a los yayos devorado hasta la última línea del Heraldo en la biblioteca. A veces, avisto chicos guapos con libros de ciencia ficción en el autobús, o en algún café o tasca, con el té al lado o la pinta en mano, leyendo poesía. Menos veces de las que me gustaría, claro.

Pensaba que esto era un mal de mi generación, y resulta que la gente lee, lee mucho. ¡Incluso leen libros! Esa cosa tan rara merecía ser documentada. Tal vez es eso lo que pensaron los que se inventaron la etiqueta #metrolectores. Si hay gente que lee en el metro, tal vez haya esperanza para mi también. La cuenta ‘Lecturas in fraganti’ observa, anota, recopila y hasta hace estadísticas. ¿Será la línea 3 más propicia a la novela negra? ¿Cual es el bestseller de la Circular? En Zaragoza, como aún no tenemos metro y seguimos siendo de provincias, nos da igual dónde, cuándo y cómo, aunque no el qué. Zaragoza Lee se ha propuesto recopilarlos todos en un blog. Tal vez mirando lo que leen los demás me vuelva el hambre de leer.

7 comments to Lo que leen los demás

  • es curioso, porque yo tuve esa época y, si bien nunca fui una lectora voraz (soy demasiado lenta para ello), ahora leo mucho más de lo que leía antes. ¿por qué? tras un análisis para nada exhaustivo y mucho menos cientifico, podría decir que es porque estoy estresada. cuanto más estresada estoy (también vale estar asqueada del trabajo y/o la vida), más leo… y si otros se libran del estrés haciendo deporte, yo lo hago leyendo libros… eso sí, libros que sean entretenidos y a ser posible con happy ending, que si no, me ataca la ansiedad y eso no pue’ ser…

  • Re-buena esta entrada.
    La utilizaré para provocar discusiones.

    (creí que nos veríamos en Huesca. aprovecho para felicitarte por este estupendo blog, besicos)

  • Marta

    También soy lectora compulsiva de hipertexto y también me pregunto si volveré a ser capaz de leerme un texto plano y largo.
    Luego veo y oigo a Piscitelli en este vídeo hablando de eso mismo que decías tú al principio del post y se me pasa la mala conciencia:
    http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=7GHDLKJI9JM

  • Me he sentido muy identificado con tu post. Yo también me llevaba una maleta llena de libros en vacaciones. Ahora ya no leo novelas: veo series. Leo mucho ensayo, mitad en papel mitad en Kindle.

    Como tú, por un lado me parece que ya no leo y por otro no hago otra cosa. Periódicos, tweets, blogs… A veces echo de menos no ser capaz de meterme durante varios días en el mundo de un García Marquez, un Bolaño… Pero pienso en leer novela y me da una pereza…

    Me alegra no ser el único al que le ocurre esto!

    Un saludo

  • Yo creo que voy al reves del mundo… nunca tuve la etapa de devorador de libros de nigno, siempre encontraba “mejores cosas que hacer” como montar en bici, el break dance o cualquier otra cosa que pareciera cool en el momento. Asi que yo nunca llene maletas de papel. Pero mi espiritu nerd que empezo hace ya unos agnicos creo que colaboro a que, cuando tuve mi primer tableta, empezara a leer libros. Eso y GoodReads (http://www.goodreads.com/user/show/5317416-dani-arribas-bel), que me da una agradable sensacion de haber completado algo cada vez que termino y que, mucho mas que cualquier profesor de literatura del insti, me ha inculcado el bonito rito de escribir unas lineas con mi opinion al terminar un libro. Eso si, no creo que leerte mi lista de lecturas te haga volver a cogerle el gusto a los libros, lo de nerd iba en serio…

  • Es paradójica la pereza: todo el esfuerzo argumental que empleamos en justificarla, podríamos emplearlo en leer novelones. A mí, llámenme vetusto, no me pasa. Me pone cachondo la perspectiva de un día lluvioso y pijamoso en el que pueda devorar un buen libraco que me absorba y me atrape. Soy viejuno, qué le voy a hacer.

  • ¡Enhorabuena por el post! Nos hace reflexionar y sonreír.
    Yo leo, no como en la adolescencia cuando quemaba el carné de la biblioteca, pero leo. Este año más que nunca desde que soy madre. Puede ser que tenga la culpa el club de lectura para padres del cole de mis hijas (http://cuadernosdetodo.wordpress.com/2012/02/12/libros-y-tartas/). O que no me enganchan las redes sociales. O que soy viejuna, como Sergio. O que no hay nada como una buena novela en un día de lluvia o en un viaje en tren. Para los que dudan y quieren volver a engancharse a la lectura, a mí siempre me funciona “Cien años de soledad”. De lo que he leído últimamente, recomiendo “El día de mañana”, de Ignacio Martínez de Pisón, y “El lector”, de Bernhard Schlink. Y esta Semana Santa voy también a por la de Sergio… Bs

Deja un comentario

  

  

  

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>