Diario, Fotografía, Posturas raras
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Darnos a ver

Era uno de los últimos días del verano, en uno de esos sitios donde el calor está a gusto y decide quedarse un poco más. Estábamos al norte de los pirineos y aunque aún era septiembre y casi mediodía, el sol ya tenía cierto tono crepuscular. Los turistas paseábamos por la playa, los abuelos del lugar pescaban desde un muelle elevado y una pareja de chavales nos dijo donde comprar un par de cervezas. Mientras mirábamos el mar llego ella. Dejó su mochila en la arena, se deshizo de las chanclas, se puso los auriculares y empezó a bailar, solo a unos metros de nosotros y de los pescadores. Bailaba, como se suele decir, como si nadie la estuviera mirando, mojándose los pies en la orilla de vez en cuando, una canción que solo ella podía oir.

 

Hoy, descargando las fotografías que he hecho en los últimos seis meses con el teléfono, me la he vuelto a encontrar. Me gusta esta pequeña historia que tal vez ocupe más que los 66 KB de esta imagen. Insignificante, mal hecha, sí; pero me lleva a esa playa en Arcachon y de ahí, a decenas de paisajes y lugares. Igual que cuando veo estas fotos, recuerdo aquel viaje en coche por la provincia de Zaragoza en el que, mientras Zapatero anunciaba en la radio la fecha de las elecciones, veíamos urbanizaciones abandonadas en los huesos en medio de la nada; noto el calor que salía del suelo del Matadero en el día de la música y el sabor de la cerveza fresca como una bendición; paladeo la crema de mango del postre que tomamos en La Granada, y vuelvo a ver los cielos infinitos que se veían en las tardes que pasé con mi padre en el hospital.

La fotografía es una cruz en un mapa, un superindice que nos lleva a una nota al pie, un ancla que hace que los recuerdos, como globos de helio, no se nos escapen demasiado arriba, tanto que no podamos volver a alcanzarlos. De todo esto me acordaba hoy leyendo textos para un trabajo del postgrado que, seguramente, me va a tener lejos de aquí otras cuantas semanas. Escribe Edgar Gómez:

Cada vez me queda más claro que la fotografía está virando de ser una herramienta para la preservación de la memoria a un objeto de la experiencia inmediata. Al revés de lo que por ahí se apunta de los japoneses que, cuando viajan, no ven para fotografiar sino fotografían para ver. En este caso, las personas no fotografían para recordar sino fotografían para ser

Cuando compartimos una foto en internet, estamos enseñando un trozo del mundo y, a la vez, un trozo de nosotros, de lo que significamos. Internet ha cambiado el significado de la fotografía: ya no solo vemos, ahora también nos damos a ver*

 

 

*‘Dar a ver’ es también el título de una exposición de Almalé y Bondía que hasta el pasado miércoles estuvo en el Paraninfo y que siento recomendar (y haber entendido) demasiado tarde…

Las fotos de esta entrada están hechas con una aplicación imperfecta pero muy divertida que se llama Vignette.

 

5 Comments

  1. ¡Cuántos días sin saber de ti!. Merecida espera. Me encanta tu reflexión sobre la fotografía y me han gustado tus entrañables fotos. ¡Espero que la salida de este año te traiga grandes cosas para el siguiente. Un beso enooooorme (sin foto: ¿es o no es?)

  2. Qué bonitos recuerdos salen de las viejas fotos guardadas en el móvil o en la cámara, cuando ya casi no nos acordábamos de ellas. En estos tiempos de inmediatez, a veces hace falta que las historias reposen un poco. ¡Muchos besos y feliz año!

  3. Jorge Orte says

    Hola Isabel!
    Me alegra mucho que la postal vaya a ser un gran regalo!
    Me vas a disculpar pero no adivino sí te conozco o no, de todas formas muchas gracias por estos blogs que construyes, los guardo en mis favoritos.
    Un saludo, Jorge.

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