En la ciudad, Viajes
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Arquitectura generosa

En contra de lo que piensa la mayoría, la arquitectura no trata de construir. Es un modelaje de nuestro entorno, además de algo vivo que se transforma cada día con lo que hacemos, y que tiene, de vuelta, que adaptarse a nuestros quehaceres. El otro día, entrevistando a la arquitecta María Langarita para este pequeño reportaje, ella sacó en nuestra breve conversación la idea de “arquitectura generosa”, y he decidido hacerla mía también.

Estábamos hablando de Lolita, el edificio que su estudio Langarita-Navarro diseñó para lo que iba a ser un complejo, Almunia Park, del que solo se ha construido este restaurante. Un proyecto que abandona la estética clásica del ‘mesón de carretera’ y que explora rituales e ideas preconcebidas sobre el tipo de edificio y sus usos para soprender al visitante.

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Este restaurante -uno de los proyectos seleccionados para la XI Bienal Española de Arquitectura, que este año se centraba en ‘lo próximo, lo necesario’- es uno de esos edificios que “no se notan”. Me explico. O mejor, se explica Anatxu Zabalbeascoa en su estupendo blog, cuando compara la arquitectura con la medicina: no nos acordamos de ella cuando estamos bien.

En esta edición de la Bienal, como señalan en su web, se ha tratado de destacar lo esencial. Priorizar la vivienda social, la movilidad como un derecho -y las tipologías arquitectónicas asociadas a ella, como un pequeño lujo-; el patrimonio urbano y territorial compuesto por las pequeñas cosas (maceteros, farolas, mercados…) y las pequeñas intervenciones urbanas (como Estonoesunsolar, un proyecto que conocen bien los zaragozanos y que también fue destacado en ese certamen).

Después de una época de grandes gastos en ladrillos, en la que se ha construido mucho -y a menudo, muy mal- a un coste muy alto (económico y también paisajístico) me alegra que se le dé valor a la idea de que menos es más. Y que la arquitectura no está ahí para imponerse, para quitar, sino para regalar.

 

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