De concierto, Posturas raras
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No estaba muerta…

… y es que no todo va a ser estudiar y juntar letras para ganarse el pan. A veces, se nos ocurren ideas terribles como la de irnos de festival. La tentación era evidente: abonos a 26€, casas de amigos en Madrid, y una larga lista de grupos a los que teníamos muchas ganas de ver: el Día de la Música ha sido nuestra excusa para pasar dos días de parranda en el Matadero.

Hubo mucho sol, o poca sombra, colas para todo, cerveza carísima y esa parte inhumana que tienen, paradójicamente, las concentraciones humanas. Pero sobre todo, hubo mucha música, que compensaba todos los pesares.

Día de la Música 2011

La foto es de Diariopop, pincha en ella para ver todo su set en Flickr

 

Porque aunque los festivales no son algo que me enamore -y lo he intentado con varios, pero las multitudes me sobrepasan- lo cierto es que pocas veces tienes la oportunidad de, en un solo fin de semana, ver una decena de conciertos, descubrir grupos…

El problema -mi problema- viene cuando el evento es tan masivo que llega a hacerse imposible disfrutar del concierto: llegamos tarde a The Pains of Being Pure at Heart, ya que las colas daban la vuelta al Matadero media hora antes de la programada y la organización estaba completamente desbordada. Y desistimos de ver a Vetusta Morla rodeados de gente que no paraba de hablar y viéndolos en una pantalla: aquello se parecía demasiado a la televisión y demasiado poco a un concierto.

 

 

 

 

De hecho, probablemente los que lo vieran en la televisión o lo siguieran por la radio, lo disfrutarían mucho, tal vez más que nosotros… pero de otra manera. Porque aunque nos quejemos de los horrores de los festivales, lo cierto es que el ambiente, el aura que desprende el directo, la sensación de estar disfrutando de algo compartido que hay en un buen concierto -ya sea de 20 personas o de 20.000- es uno de los mejores placeres que conozco. Y hubo momentos de pasárnoslo a lo grande. Me quedo con tres, todos del domingo: 1) Pony Bravo con Za! tocándose un concierto potentísimo a la hora de la siesta ante un grupo de devotos; 2) el horno crematorio que era el escenario Madrid y Lykke Li consiguiendo a puro de energía y buena voz que un par de miles de personas aguantaran los 45º de la sala; 3) y, para acabar, una hora de pura himnosis con Caribou y su forma de tratar el sonido y el espectáculo de forma que consigan meterse debajo de tu piel. Una maravilla. Así sí se puede celebrar el día de la música.

2 Comments

  1. Pinker says

    Hombre… De todos modos lo del Día de la Música Heineken no se yo si lo consideraria festival. Es una especie de fiesta de barrio venida a mas (y de ahí vienen sus grandes problemas: falta de infraestructuras, espacios no demasiado adecuados, etc.) A los de Madrid pues nos hace un apaño, pero deja mucho que desear con respecto a lo que debería ser un festival serio

  2. Isabel says

    Totalmente de acuerdo, el espacio era un poco improvisado para tanta gente, aunque con un programa -en horas y en número de entradas vendidas- más moderado, en un día menos caluroso, el Matadero es un lugar genial para hacer conciertos, creo.
    Otra cosa es la deficiente organización: nos enfrentamos a unos cuantos absurdos como que no nos dejaran entrar en el recinto con cereveza comprada en el mercadillo… tres personas para poner pulseras a cientos que se agolpaban en la puerta… cosas que te hacen odiar ir a este tipo de cosas, se llamen festivales o lo que sea… pero para la gente de provincias también nos hacen un apaño, sino a ciertos grupos no los veíamos más que en videoclips.

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