Ciudades a escala 1:1

Paso la mañana entre mapas, planes generales de ordenación urbana y fotografías de la ciudad que fue y la que será. Veo sobre el papel las transformaciones que puedo intuir en las historias de mis vecinos y en la mía propia, en nuestros andares cotidianos por estas calles.

Salgo de la biblioteca y me tropiezo con una exposición de la que no había oído hablar: ‘La transformación de la Gran Vía de Zaragoza y otras grandes vías’. Bajo a los sótanos del Paraninfo y paseo entre fotografías de calles que guardan todas una semejanza compartida de edificios modernistas y racionalistas, cierta vocación de calle mayor del siglo XX, deshumanizada, a escala ampliada. Me gustan sus fachadas pero me enfado con sus delirios de grandeza y su hacer sombra a otras zonas urbanas mucho más activas.

Trato de reconciliarme con mi Gran Vía y me monto en el tranvía por vez primera. Me enamoro de su atravesar las calles rápido y en silencio, me alegro de poder llegar de Paraíso al parque sin atascos, aunque el panorama desde las ventanillas esté afeado por unos bancos que se han olvidado de su función de ser acogedores lugares de descanso en medio de la ciudad.

Intento trasladarme con la mente a otras ‘grandes vías’ y me veo a mi misma paseando por la centenaria Gran Vía madrileña, origen de esta muestra que viene que ni pintada en estos días preelectorales para volver la vista a la renovada avenida zaragozana. Y solo encuentro, de Plaza España al edifico Metrópolis, un ir y venir desasosegante, una altura inhumana de edificios no diseñados para vivir. Aceras sin árboles, escaparates agresivos, ni un momento de descanso. Pienso entonces que aunque sea una urbanita empedernida, soy más de calles traseras, de callejuelas y placitas, y que eso no es malo. Me desenfado.

Vuelvo a casa, enciendo la televisión y aparecen más mapas, más exposiciones que apuntar en la agenda: ‘No solo texto’, que rescata del Fondo Documental de las Cortes de Aragón los ‘santos’ más interesantes de sus antiguos impresos ilustrados… y sus mapas más valiosos. Y ‘Zaragoza: visión emocional de la ciudad’, en la que 216 artistas plásticos han aplicado su estética particular a la cartografía de la capital en unos trabajos que se muestran desde hoy al público en las salas de la Lonja y del Museo Camón Aznar.

Van a ser, de hoy en adelante, días de mapas, cartografías para desentrañar los mecanismos de la ciudad que habito, y para imaginar otras ciudades, estas sí, a escala 1:1.

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