storytelling

Hablar de la crisis de la pensa no es una forma muy original de empezar una charla para periodistas. Pero Bru Rovira* no deja pasar ni un minuto antes de darnos su respuesta a la crisis de los periódicos: más calle, más ética y mejor literatura.

“La narración del mundo-espejo ha terminado”, a pesar de que, en otros tiempos, el periodismo pasaba por ser una fuente creíble de la realidad. Hoy, dijo el veterano reportero, el periodismo ha perdido su criterio de calidad. “Ahora, hay  jefes de sección que preguntan “cuantos ejemplares ha vendido este libro” y no “¿este libro es bueno?” antes de decidir cuanto espacio le vas a dedicar”. Un error, nos dijo el catalán a aquellos estudiantes de periodismo, jóvenes redactores y veteranos periodistas desencantados que nos reunimos en Huesca ayer por la mañana.

A todos nos pidió que, en el dilema ético entre el periodista militante y el escéptico y desconfiado, tomáramos esa posición en la que no hay buenos ni malos, en la que no se trata a los demás, a la gente, como cosas, como una masa.  “Somos traductores, puentes, herramientas de la sociedad para el debate. Definir quienes son los buenos y los malos sosega a la sociedad, pero en ningún conflicto -ni en las guerras internacionales, ni en los que ocurren en los barrios de las ciudades- hay buenos ni malos”. No podemos caer en el “síndrome del Hotel Palestina”, convirtiendo al periodista en sujeto de la información, ni caer en el periodismo emotivo, porque “es una anestesia de la razón”.  No quiso decir Rovira con esto que necesitemos cargar nuestros reportajes de datos, cifras y referencias documentales. Nos invitó, aludiendo a la pintura tradicional china, a dejar espacios en blanco que la mirada del lector pueda completar. A no olvidar los conflictos, a hacer “periodismo de postguerra”, a no caer en la “chorrada de la estadística sin explicar”, y evitar esa aberración que es “el secuestro del pensamiento y el debate público por parte de las tertulias de periodistas”.

Después de tomarse un cortado amargo y un par de cucharadas de azucar, el periodista catalán nos recordó porqué estudiamos periodismo y, algunos, seguimos buscando la manera de ejercerlo de la mejor forma posible; somos individualistas, egoistas, deseamos llevar una vida interesante, conocer a personas a las que admiramos, salir a buscar realidades que nos permitan, una vez en casa o en la redacción, con nuestras notas y nuestra musica sonando en los altavoces, construir hermosos reportajes, bien escritos, medidos como mecanismos de relojería, con sus ritmos, sus picos de intensidad  y sus espacios vacíos. Es lamentable, según Rovira, que a día de hoy los medios sean “una transgresión de esa idea”. Habló de formas de trabajo que no te dejan tiempo para respirar y buscar historias, jefes de sección a los que no les importa ver la redacción llena de gente por la mañana. Ruedas de prensa sin preguntas. Directores que te envían a hacer la crónica con el titular ya escrito, y a los que la realidad decepciona en sus expectativas del gran titular. Directores que no se leen ni siquiera su propio periodico. En fin.

Sin embargo, la charla de Rovira fue una inyección contra el desencanto. “Todo el que tiene una vocación, vale para el periodismo”, opinó Rovira, que cree que la carrera de periodismo debería desaparecer, y las redacciones, ser una representación de la sociedad y sus saberes. “Cada uno tiene su habilidad: unos son buenos documentalistas, otros escriben de maravilla… pero hay que evitar esos periódicos que quitan el sello de cada información, que tratan de homologar las informaciones hasta que dejan de importar las firmas. Hay que dejar trabajar con libertad de recursos narrativos. Si perdemos lectores es porque somos aburridos, porque no contamos historias”.

“Estamos en un gran momento revolucionario, y cada profesión tiene la obligación de plantear cómo quiere las cosas en el futuro”, dijo Rovira, que opina que esa negociación no está entre sindictaos o comités y dirección, sino dentro del propio cuerpo de la redacción. La propuesta no ha de ser económica, sino de contenidos. La responsabilidad de cómo expresar el mundo el mundo, ha de volver a las democracias internas de los diarios”.

A través de sus reportajes en la sección ‘Carreteras secundarias’ del dominical de La Vanguardia -que va a volver a las páginas del nuevo diario Ara- nos dijo que “el periodismo ha de responder a las grandes preguntas de la vida”. No hay historias importantes e historias que no lo son. Hasta la más pequeña historia explica algo mucho más grande, como la de ‘El bar del señor Njazi’, en Albania. En su charla contra el desánimo, nos recordó una vez más que los periodistas somos profesionales del contar historias, y siempre hay una historia que contar. En definitiva, nos animó, con optimismo, a ejercer “una autodefensa personal”. “Que no nos roben esa vida divertida y feliz que hemos elegido”.

*Bru Rovira (Barcelona, 1956) trabajó en los diarios Tele eXprés, Noticiero Universal y Avui, antes de entrar en La Vanguardia, donde estuvo durante veinticinco años. Ha viajado por medio mundo para vivir y escribir sobre los cambios ocurridos al final de la guerra fría y los nuevos escenarios de la globalización. Tiene varios libros publicados, entre los que destacan Áfricas (RBA, 2006) y Vidas sin Fronteras (Editorial Viceversa, 2010). En el año 2002, recibió el Premio de Periodismo Miguel Gil en su primera edición y el Ortega y Gasset en 2004. Ayer dio una charla previa al Congreso de Periodismo Digital de Huesca para estudiantes y periodistas.

2 comments to storytelling

Deja un comentario

  

  

  

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>